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FOTOGALERÍAS Y CRÓNICAS

MONTREUX 2017

UNA CITA DE ALTA CALIDAD
La gran fiesta del jazz y la música de prestigio tiene un nombre propio, Festival de Montreux 

Fotogalerías por  ANTONIO MARMOLEJO / IndyRock

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FESTIVAL DE MONTREUX

Crónicas


"Pet Sounds" de Brian Wilson se muestra, con 50 años, atemporal en Montreux

Crónica por AINA MARTÍ SOLER / EFE - IDEAL
La leyenda musical Brian Wilson hizo hoy una parada en el Festival de Jazz de Montreux como parte de su gira mundial por el 50 aniversario de su álbum "Pet Sounds", que compuso para su banda The Beach Boys y que repasó en un concierto en el que reafirmó la atemporalidad del disco lanzado en 1966.

Wilson, septuagenario y sin la voz clara y potente que tenía antaño, compartió escenario con una banda perfectamente coordinada y compuesta por diez músicos, entre ellos el también miembro de The Beach Boys, Al Jardine, que cantó un puñado de canciones en solitario.

El fundador de The Beach Boys, considerados como uno de los grupos de rock estadounidense más importantes de la historia, comenzó el concierto con "California girls" y "I get around", dos temas de la etapa más temprana que transportaron a los 4.000 espectadores a la California más surfera de los años 60.

A estos temas les han seguido, entre otros, "Surfer girl" -la primera canción jamás compuesta por Wilson- y "Sail on, sailor" antes de que con "Wouldn't it be nice" se iniciara el repaso a los temas de "Pet Sounds", obra artística que el ex Beatle Paul McCartney definió como "el mejor disco vocal jamás grabado".

A pesar de que "Pet Sounds" no obtuvo el éxito comercial esperado, marcó el inicio de la etapa experimental del grupo y le confirió a líder del grupo un gran prestigio como compositor y productor dado que todas las canciones menos la tradicional caribeña "Sloop John B" fueron escritas, arregladas y producidas por Wilson.
La dificultad de las armonías forzó a  Wilson, en algunas ocasiones, a ceder el papel de vocalista principal a los miembros de la banda, en especial al cantante y pianista Darian Sahanaja, que junto a los guitarristas y vocalistas Probyn Gregory y Nick Walusko se encargaron de llegar donde el genio de la música pop rock no
pudo.

El público, lejos de enojarse o sorprenderse por los cambios constantes de vocalista para adaptarse a las posibilidades del cantante estadounidense, se entregó a la energía surfera y ovacionó constantemente tanto a Wilson como a los coristas.
Uno tras otro han ido sonando las canciones de este álbum clave en el pop rock mundial como "God only knows", que Al Jardine confesó como "su canción favorita de todas las que ha compuesto Brian en su carrera".
La banda acabó con "Good vibrations" y con "Surfin' USA", que el Auditorio Stravinsky vivió tal como si estuviera en una playa soleada californiana.

Se encargó de calentar motores para Wilson, el británico Bryan Ferry, otro que también demostró que la veteranía es un grado con su glam-rock que puso de pie a toda la platea desde el principio con un recital de clásicos como "Slave to love" y "Love is the drug".

Con una voz aterciopelada ligeramente rota y arropado por nueve músicos solventes, Ferry propuso una puesta en escena muy rockera y mostró lado más polifacético y se atrevió a tocar el piano eléctrico y la armónica.
El mito de los ochenta bailó constantemente y mostró gran complicidad con los miembros de su banda y compartió con ellos el protagonismo del concierto.

En prácticamente cada canción al menos dos músicos realizaban un solo, siendo la saxofonista Jorja Louise Renn y los guitarristas Jacob Anders Quistgaard y Christopher Spedding especialmente vitoreados por el público melómano del festival..


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Tom Jones se estrena con nota en Montreux y Macy Gray conquista al público

Crónica por Céline Aemisegger / EFE - IDEAL
 Tom Jones, con su poderosa presencia que le otorga su experiencia de más de 62 años en el mundo de la música y un repertorio lleno de grandes éxitos, se estrenó hoy con nota en el Festival de Jazz de Montreux, en el que una Macy Gray llena de energía conquistó a un público entregado a su
voz áspera.

La cantante estadounidense, nacida en 1967, hizo su aparición a las 18.05 GMT con un vestido largo retro de color naranja, rojo y violeta y con tul copioso en la parte de arriba y abajo, pese a que hoy en Montreux hacía 31 grados y ella no podía esconder el calor que pasaba durante la hora y media que se entregó al público.
Con guantes de cuero y sus pelos afro peinado al estilo punky, Gray se paseó en taconazos y unos ojos fuertemente maquilladas por el escenario del festival, 17 años después de su última actuación en Montreux en el año 2.000.

Acompañada por unos músicos excelentes, todos vestidos con un traje claro de cuadros y corbata negra, Macy Gray entonó canciones de su último álbum "Stripped", en el que vuelve de manera espontánea e íntima a sus grandes éxitos, así como a clásicos como "Redemption Song" de Bob Marley y "Nothing Else Matters" de
Metallica.
El público, que en ningún momento dejó de bailar al ritmo de la cantante de Ohio, estalló definitivamente con la interpretación de "Sweet Baby", aunque tuvo que esperar hasta el final y a un cambio de vestuario para que Macy Gray le dedicara su gran éxito "I Try" de su álbum debut de 1999.

La cantante de jazz, R&B y neo soul deslumbró en el escenario con su vestido de sirena en color oro y unos grandes pendientes en la última parte del concierto, en la que interactuó en varias ocasiones con un público en el que consiguió dejar huella.
La energía que había transmitido Macy Gray al público era tal que muchos pensaban que Tom Jones difícilmente podía superar la actuación de su predecesora en el escenario.

A las 20.00 GMT, el veterano de la música de 77 años subió por primera vez en su vida al escenario de Montreux.
El británico no parecía temer al exigente público del festival, acostumbrado a escuchar solo a los mejores.
Su aparición estuvo acompañada por un juego de luces que simulaban chispas y llamas en una gran pantalla en el fondo del escenario, como si el "gentleman" quisiera saludar a Montreux con un gran fuego explosivo.
Y así fue recibido: el público, en su mayoría por encima de los 40 años, le aplaudió calurosamente.
Vestido de un traje azul marino con una camisa del mismo color y con estampados de colores, Tom Jones exhibió su elegancia y su gran experiencia en el mundo de la música, que le permite cambiar de registro con fluidez: del blues al rock y del rock al pop.

La primera media hora de su concierto estuvo marcado por un ritmo más lento y algunas baladas, por lo que el público notó de manera algo brusca la diferencia entre la vibrante Macy Gray y un Tom Jones más parado inicialmente.
Todo cambió cuando Jones comenzó a cantar sus grandes éxitos, empezando por "Sex Bomb", momento en el que la mayoría del público sacó sus móviles para grabar al intérprete en vídeo o inmortalizar su estreno en Montreux en una foto. Y fue el momento también en el que los fans comenzaron a bailar. Y ya no pararon,
porque Tom Jones entonó un éxito tras otro: "What's New Pussycat?" de su disco del mismo nombre, "Deliah", y "You Can Leave Your Hat On", entre otros muchos.
El cantante, que relató cómo empezó a hacer música a los 15 años y aprendió a bailar el Jive para conquistar a quien fuera más tarde su esposa durante 59 años, ofreció al público dos canciones adicionales, una de las cuales dedicada al fallecido Prince, antes de abandonar Montreux.

"No sé por qué nunca hemos estado aquí antes, pero ciertamente volveremos", aseguró un Tom Jones visiblemente satisfecho con su actuación.



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LA MAGIA DEL JAZZ NO TIENE EDAD, CON ESTEBAN CASTRO

Crónica por AINA MARTÍ SOLER / EFE - IDEAL
Montreux demostró que la magia del jazz no tiene edad con el concierto de Esteban Castro, el pianista de origen cubano que fue invitado al ya célebre Festival de Jazz con tan solo 14 años, una experiencia que, según aseguró el joven a Efe, marcará un "antes" y un "después" en su carrera.
Con una soltura sorprendente para su edad e interpretando un repertorio que combinó perfectamente el intimismo, la delicadeza, la técnica y el virtuosismo, el teclista conquistó al público melómano del Montreux Jazz Club, el pequeño auditorio (300 plazas) reservado al jazz más puro.
El Club es la sala que mejor conserva la esencia de las primeras décadas del festival -celebrado desde 1967-, cuando en tan solo tres días congregaba en la ciudad balneario a leyendas del jazz como Miles Davis, Ella Fitzgerald o Keith Jarret.

De padre cubano, madre británica y residente en Nueva York, Castro se convirtió el año pasado en uno de los músicos más jóvenes en pisar este escenario mítico, un honor que mereció tras ganar la pasada edición del concurso de nuevos talentos del Festival de Jazz, un hecho que aún recuerda como "surrealista" dado que era
el primer menor en participar en la competición.
Repitió experiencia, y le supuso "un completo honor tocar como solista en el mismo escenario por el que han pasado los grandes como Miles Davis, Bill Evans o Herbie Hancock".

"Nunca me imaginaba que podría hacer algo así con 14 años. Espero que esta actuación sea un antes y un después en mi carrera", explicó con emoción el joven jazzista.
Castro aprendió a tocar el piano con cuatro años y desde entonces demostró una gran capacidad de improvisación y dotes como compositor, que le valieron a sus profesores y a su padre, que también es músico, para incitarle a probar el jazz.
Al principio, el pequeño no entendía el lenguaje del jazz, en general complejo para todos los músicos y más todavía para un niño.
"Mi padre me propuso interpretar al pianista y compositor Thelonious Monk, -conocido por su estilo único de improvisación-, pero con cuatro o cinco años no podía entender su música, con lo que al principio detesté el jazz y me decanté por la clásica".
No obstante, "el jazz creció en mí y ahora es mi pasión", aseguró Castro.
"En el jazz todo tiene que ver con la improvisación. Es como componer sobre la marcha", dijo el pianista, que se atrevió a incluir en el repertorio de la noche dos piezas originales: "Swan Song" y "Parade", esta última escrita cuando tan solo tenía once años.
La música de Monk estuvo, asimismo, presente en el recital con "Blue Monk" y "Epistrophy", dos temas a los que público experto del Montreux Jazz Club respondió con una sentida ovación y suspiros de asombro.

La breve introducción que precedió el concierto -de 45 minutos de duración- evitó mencionar la edad del virtuoso, cuyo posado seguro y altura importante, engañaron a más de uno, como Ronald, un estadounidense de 55 años que, al salir, se mostraba estupefacto.

"¿Tiene catorce años? Es una broma. Pensaba que era mayor de edad. Durante la actuación, cuando cerraba los ojos, era igual como si escuchara a un veterano. Ha sido absolutamente magnífico", dijo a Efe este adepto al jazz.
Influenciado por su padre, originario de La Habana, una de las grandes capitales del género y que vio nacer a mediados del siglo XX el jazz afrocubano, Castro asegura que es un apasionado del jazz latino pero que aún tiene mucho por aprender de este estilo.
"Yo crecí con el jazz latino y por ello quiero saber más sobre este tipo de música, diría que es algo que aún me falta como artista. Quiero explorar mi herencia y aprender el lenguaje musical y los ritmos latinos", dijo el pianista.

A pesar de que el joven no habla "aún" español, se muestra "impaciente" por conocer Cuba y recuerda calurosamente sus visitas a países hispanohablantes como España, Perú o Puerto Rico.
Nacido en Houston, Texas, pero residente en Nueva York, Castro asegura que vive una vida "normal como cualquier otro chico de catorce años" y que le basta con practicar tres horas al día entre semana y seis horas, los fines de semana.
"Aunque el jazz es mi pasión, aún toco música clásica y lo seguiré haciendo", tal como lo hicieron otros grandes virtuosos del género como Bill Evans, Keith Jarrett, Herbie Hancock, Oscar Peterson, a quienes el pianista nombró como "referentes".

Por otro lado, el joven demostró ambición y ganas de traspasar las barreras del jazz y de mostrar al mundo su capacidad de innovación.
Tras un año intentando mejorar su técnica, Castro se centrará ahora en abrirse a nuevas posibilidades en lo relativo a la musicalidad y a la creatividad.
"No quiero estar limitado por lo que hacen los músicos de jazz tradicionales, quiero echar por la borda los límites del género", aseguró. .
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