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INNOVACIÓN
La Paleontología es la especialidad que trata de leer en el registro fósil del tiempo cómo era la vida de hace millones de años
GUILLERMO PEDROSA | GRANADA

El paso del tiempo deja huella. La vida, la evolución de los organismos, el medio natural o incluso el clima, todos han dejado su rastro fosilizado y enterrado esperando a que la ciencia lo encuentre, lo lleve al laboratorio, lo analice y explique qué había antes de que dichos fósiles se formaran.

Esta es una de las labores que desempeña Elvira Martín, especialista en Paleontología de la Universidad de Granada, quien explica que «en las rocas sedimentarias no sólo quedan registrados los organismos, sino también algunas de sus actividades, sus huellas, sus galerías...».

Según la experta, algunas secuencias estatigráficas contienen varios yacimientos con restos fósiles, esto es, varias capas superpuestas en las que han quedado registrados los organismos que residieron en esa zona a lo largo del tiempo. Esta circunstancia permite que la ciencia pueda estudiar la evolución de algunas especies.

«A partir de la asociación de fósiles que se encuentran en un mismo yacimiento se puede saber cómo era el clima en el que vivieron», subraya la especialista. Así, la fauna descubierta en los países del Norte de Europa es diferente a la de aquí, dado que estaba acostumbrada a un clima más frío. Igualmente, descubriendo si los fósiles son restos de animales marinos puede averiguarse si esa  zona estaba cubierta por agua en aquella época.

En este sentido, la labor de la Paleontología se centra en estudiar los restos de un pasado de hace millones de años, de manera que sirvan para conocer no sólo cómo eran ellos, sino cómo era el entorno en el que vivían.

De las branquias al oído

«Los huesos que soportan las branquias en los peces de hace millones de años, cuando los vertebrados comenzaron a colonizar el medio terrestre pasaron a convertirse en huesos de la mandíbula y del cráneo», señala Elvira Martín, «con el tiempo estos huesecillos salieron de la mandíbula y finalmente acabaron siendo los huesos del oído medio en los mamíferos».

Éste es un claro ejemplo de cómo la interpretación de las estructuras óseas encontradas de hace millones de años pueden ofrecer mucha información para entender cómo han evolucionado los organismos, en este caso los registros fósiles eran abundantes y permitieron llegar a esta conclusión.

La paleontóloga explica que «la fosilización en el medio terrestre es mucho más difícil que en el mar, debido a que luz solar destruye los huesos». Para que un organismo se conserve tiene que ser enterrado rápido, «las partes blandas (músculo y piel) desaparecen, pero el esqueleto y los dientes pueden fosilizar si están enterrados en sedimentos», añade.

La científica explica que la labor de campo que desarrolla con su equipo de investigación se centra en varias fases, así la primera consiste en la obtención de muestras, para lo que van hasta un terreno y extraen cantidades de tierra. «El siguente paso es tamizar esta tierra para averiguar si contiene huesos y restos fósiles», subraya.

En caso de que los haya, estos restos son llevados al laboratorio para ser examinados con el microscopio y sacar de ellos la máxima información posible. En concreto el trabajo de Elvira Martín está centrado en el estudio de los fósiles de los micromamíferos, «antes como ahora, eran más abundantes los animales pequeños que los grandes», destaca.

Los fósiles son una especie de mapa para leer el pasado, sirven para conocer cómo ha pasado el tiempo en la vida, a través de la evolución de los organismos, pero también para conocer el tiempo en el entorno, la edad de las rocas, si era una zona marina o terrestre, si el clima era frío o cálido... Especialmente cuando se hayan secuencias de yacimientos es como ver el rastro de la vida a lo largo de varias etapas temporales.

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